Colores, aromas y sutiles sonidos del Parque Nacional Cajas que enamoran
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Colores, aromas y sutiles sonidos del Parque Nacional Cajas que enamoran

10 Abril , 2018 / Por: Wilmer Prado

Sigo pensando que no hay mejor inversión en el mundo que un viaje a uno de tus destinos favoritos. Y con ese pensamiento, empecé a revisar los destinos de Ecuador, el país de cuatro mundos que me ofrecía una gama de atractivos, y sus fotografías me transportaban por minutos a cada uno de ellos.

Me impactó un destino, por su color, texturas, flora, fauna y accesos. Ese lugar fue el Parque Nacional Cajas, ubicado en Cuenca, provincia del Azuay.

Su encanto natural conquistó al mundo, que lo ha reconocido como: el Humedal de Importancia – RAMSAR 2002, el Área de importancia internacional para la conservación de aves – IBA 2003, el sitio con mejores prácticas seccionales – AME 2007 y el Área núcleo de reserva de biosfera – UNESCO 2013. Desde 1977, es un área Nacional de Recreación y desde 1996, un Parque Nacional de Ecuador.

Antes de ir hacia este parque, me perdí por unos momentos en el centro histórico de Cuenca. Sus casas patrimoniales con influencia francesa, romana y neoclásica, me impactaron de inmediato. Sus calles están inundadas de arte, por la Sucre escuché cantar y tocar una guitarra a una migrante chilena; en la Benigno Malo observé a un argentino radicado, pintar un cuadro de colibríes; por la Bolívar observé a turistas estadounidenses junto a un guía conociendo la historia del imponente Seminario San Luis; todo en un ciudad cosmopolita.

Ni que decir del Paseo Tres de Noviembre´, donde observé cientos de casas colgadas en El Barranco, y que ahora se son elegantes bares, restaurantes y hoteles de lujo.

El sol salió y era el momento ideal para subir al Cajas. Desde el Terminal Terrestre de Cuenca tomé un bus interprovincial. Invertí $2.00 y en 20 minutos llegué a la Toreadora, la laguna más importante y visitada del Parque Nacional Cajas.

Este atractivo natural se ubica a una altitud de 3.152 a 4.445 msnm. Para disfrutar de este fantástico lugar debes llevar indumentaria correcta para el frío. En sus inmediaciones recorrí los centros de interpretación e información, pude servirme alimentos, y caminé por sus senderos y tomé fotografías, pesqué, miré la flora y fauna, respiré el aire puro y fresco de este sitio.

El guía que me acompañó me contó que La Toreadora, es el corazón del Parque Nacional Cajas y desde ella parten la mayoría de rutas y senderos que existen para los visitantes.

Me adentré por el “Camino de García Moreno” que antiguamente conectaba a Cuenca con la Costa del Pacífico. La historia cuenta que este acceso fue construido por los incas que habitaban en la zona. Observé cuerpos de agua en medio del paisaje, aquí existen aproximadamente 235 lagunas, donde nacen los ríos Tomebamba, Mazán, Yanuncay y Migüir, fuentes que abastecen de agua potable a Cuenca.

La fauna y flora son una sorpresa a cada momento, y se estima que existen alrededor de 500 plantas vasculares distribuidas en 243 géneros y 70 familias. Este parque es el hábitat de aproximadamente 152 especies de aves, 43 de mamíferos, 15 de anfibios y 4 de reptiles. Algunos de ellos se cruzaron durante mi recorrido.

A unos pocos kilómetros y rodeada de una espesa vegetación, llegué a Llaviuco, una laguna de 48 m de profundidad, con 5km de extensión y una altitud de 3.200msnm a 4.000 msnm. En este espacio realicé trekking y pesca. Esta laguna está rodeado de flora y fauna con mil colores, aromas y sutiles sonidos. Mientras caminaba observé un paisaje místico, compuesto por una cervecería abandonada hace muchos años. Este lugar misterioso me permitió capturar fantásticas fotografías. Avance hasta los dos modernos muelles de madera de la laguna, para mirar a los patillos que pareciera que nadan sobre un enorme espejo, y son las cristalinas aguas de Llaviucu.

Exhausto y contento por la experiencia natural vivida, regresé a la ciudad; y antes de llegar a mi lugar de hospedaje fui a Turi para vivir mi propia experiencia de lanzarme en el columpio gigante y observar el atardecer sobre los techos color naranja de Cuenca. Sentí adrenalina pura al lanzarme en el columpio y una sensación enorme de ver como una lluvia de luces van dando forma las noches cuencanas, cuando el sol se apaga.

La vida nocturna de Cuenca, sus bares muy activos, música de moda, comida tradicional y fusionada, bebidas de todo tipo, color y sobre todo espacios repletos de personas de todas las edades, es posible verlo solo en la “Atenas de Ecuador”.

Llegando a Mansión Alcázar, hotel donde pasaría la noche, su personal me recibió con un delicioso café, delicadeza y hospitalidad. Mi habitación era sacada de un cuento, todo estaba en su lugar. El color blanco combinado con otros me hizo sentir parte de la realeza.  Me serví la cena: un delicioso plato a la carta, con entrada de mote pillo, postre de helado con palo de romero y una copa de vino blanco. Demasiado elegante.

Mansión Alcázar es uno de los lujosos hoteles boutique que existen en la ciudad de Cuenca. Esta casa de hacienda conserva detalles de épocas anteriores, y en la actualidad sus patios donde amarraban a los caballos, tras patios donde lavaban la ropa y la ponían a secar en cordeles, jardines que eran verdes huertos familiares, salones donde secaban el grano y tiendas de artesanías que antes eran huecas de abarrotes; se han convertido en elegantes y muy cotizados espacios para recibir a los turistas del mundo.

Sin duda, Cuenca con su arquitectura colonial y el Parque Nacional Cajas con los colores, aromas y sutiles sonidos de la naturaleza, me invitan a volver una y otra vez. Estoy pensando en quedarme, y quedarme para siempre.

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