Las ballenas jorobadas cautivan con sus danzas
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Las ballenas jorobadas cautivan con sus danzas

26 Junio , 2018 / Por: Lily Flores

La primera vez que la observé mi corazón empezó a latir desaforadamente. Era una mezcla de alegría y adrenalina. La enorme ballena estaba a menos de 10 metros de distancia de nuestro yate y se veía claramente gracias al agua cristalina del mar de Puerto López, al sur de Manabí.

El gigante cetáceo ni siquiera se inmutó con nuestra presencia. Pasó sigilosamente debajo de la nave y a los pocos segundos salió al otro lado. Allí empezó la aventura: Emergió de la profundidad del mar lanzando un potente chorro de agua  y luego saltó. Salió casi totalmente del agua para que pudiéramos maravillarnos de su imponente presencia en el Océano. Mis demás compañeros solo atinaban palabras, sin poder cerrar la boca, ni los ojos.

En ese instante comprobé lo que minutos antes me había dicho el guía: que nos acompañaban “las ballenas jorobadas miden más de 12 metros de largo y pueden pesar hasta 40 toneladas”. Un animal fabuloso, una maravilla de la naturaleza a escasos metros de mi presencia.

Son animales totalmente tranquilos. Mi cámara no cesaba de hacer clic para fotografiarla en cada segundo fuera del agua. Luego emergió otra ballena un poco más pequeña, pero que hacía sentir su presencia con agudos sonidos guturales que no daban miedo, sino que fascinaban por el ritmo con que lo hacía.

Allí el guía nos volvió a explicar. Son danzas de apareamiento, pues resulta que estos enormes animales son tan enamoradizos como el hombre. Y es que salir a la superficie, lanzar agua, moverse y hasta emitir sonidos tiene el único objetivo de cortejar a una ballena hembra. En realidad viajan más de 7.500 kilómetros, desde la fría Antártida hasta Puerto López en Ecuador, con el objetivo de aparearse y alumbrar en estas cálidas aguas que para ellas constituyen una bañera caliente de la cual disfrutan durante tres meses.

Aquí los enormes cetáceos con su ciclo de vida y maravillan a turistas, científicos y en definitiva a todo aquel que se embarca en la aventura de ir a observarlas tan de cerca.

Hay quienes no solo que las fotografían. Algunos nos emocionamos más y podemos incluso apadrinar una ballena. Yo soy la madrina de Antonia, una de las más jóvenes de la manada, así me explicó un experto quien asegura poder identificarla ya que todos estos cetáceos tiene una huella en la cola que permite saber de quienes se trata.

Desde junio hasta septiembre Puerto López y otras zonas de la Costa ecuatoriana se llenan de vida, gracias a estos gigantezcos cetáceos. Cámaras de fotos de videos y de fotografías, perennizan sus momentos. De mi parte alisto maleta, equipo y mucha adrenalina para ir en busca de mí ahijada Antonia en esta temporada que está a punto de iniciar.

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