El Muro de las Lágrimas, la mancha negra de Galápagos

El Muro de las Lágrimas, la mancha negra de Galápagos

09 Octubre , 2014 / Ecuador Travel

Una panorámica del Muro de las Lágrimas, en la isla Isabela. Foto: Sofía Bermúdez.

Siempre me llamó la atención la historia del Muro de las Lágrimas en las Islas Galápagos. Sabía que antes de ser una reserva natural de Ecuador, el archipiélago sirvió como “albergue” para criminales de alta peligrosidad; es decir, llegó a ser el mayor castigo que un ecuatoriano podía tener.

¿Pero cómo este lugar paradisiaco puede ser un castigo? He aquí donde entra esta historia, que tal vez sea el lado oscuro de las Encantadas.

 

El muro de las lágrimas, un monumento al dolor

Peter, el taxista que nos lleva al Muro de las Lágrimas (Puerto Villamil, Isabela), nos cuenta que su abuelo fue uno de los policías que custodió a los 300 prisioneros que llegaron en 1946, después de la II Guerra Mundial, a Isabela. “Los valientes lloran y los cobardes mueren” es el dicho que acompaña este monumento al dolor.

En Isabela operó una base militar estadounidense; pero después de la guerra, el presidente José Velasco Ibarra utilizó este lugar abandonado como el reclusorio de cientos de criminales de alta peligrosidad. En ese tiempo las islas Galápagos eran vistas como el fin del mundo.

En ese tiempo las islas Galápagos eran vistas como el fin del mundo.

Este era una especie de cárcel al aire libre, por lo que los presos tuvieron que realizar trabajos forzosos agrícolas, además de la construcción de su propio encierro: una muralla de piedras volcánicas. Peter nos cuenta que la mayoría de ellas venían del volcán Sierra Negra y la muralla fue levantada sin ayuda de maquinarias, sino a través de la fuerza humana de los cautivos. Muchos de ellos fallecieron en accidentes, por eso el Muro de las Lágrimas es considerado un lugar de luto.

Tras 10 años de trabajos forzados, los reos se rebelaron y planearon un escape, un engaño, como si se tratara del Caballo de Troya. Una noche, los reclusos presentaron a los policías una obra teatral llamada “La fuga de los prisioneros”. Con licor artesanal, elaborado por los mismos presos, los custodios se emborracharon, mientras se divertían con la actuación. Fue entonces cuando en una de las escenas, con la doble intención de hacerla más real, los actores amarraron a los policías, los despojaron de sus armas y vandalizaron la antigua base militar, quemándola y destruyendo sus estructuras por completo. El pánico llegó al pueblo de Puerto Villamil y sus habitantes se escondieron en una iglesia.

Tras 10 años de trabajos forzados, los reos se rebelaron y planearon un escape, un engaño, como si se tratara del Caballo de Troya.

 

Dejar atrás lo malo. Recomenzar.

Luego del escape, los ex presidiarios comenzaron una nueva vida en el Ecuador continental o en el extranjero. Sólo 10 se quedaron en la isla Isabela, pues finalmente todos los prisioneros fueron indultados.

Ahora, un paredón de unos 100 metros de largo, 7 de alto y 3 de ancho es lo que queda en pie de esta historia. Veo de cerca las piedras de superficie áspera y negra, y sólo se me ocurre pensar que son la perfecta analogía de lo que sucedió en este lugar.


Ya en 1959, cuando Galápagos fue declarado Parque Nacional de Ecuador, dejó de funcionar este penal, que ahora forma parte de un sendero de 5 kilómetros de largo, dentro de un complejo de humedales. Iniciar la ruta en el Muro de las Lágrimas puede que sea la mejor opción; pues es conocer y palpar la tristeza y dolor, para luego dejarlas atrás y encontrarte con las maravillas del camino: manglares que te envuelven, miradores cautivadores y playas que te atrapan. Lo que es Galápagos.