Lo que no debes de hacer en un trekking a Ingapirca

Lo que no debes de hacer en un trekking a Ingapirca

03 Septiembre , 2014 / Ecuador Travel

Este sitio arqueológico alberga la historia de civilizaciones antiguas: cañaris e incas. Foto: Sebastián García.

@SarahCarrozzini

Una ola de neblina alcanza nuestras espaldas y nos exige despabilar los pasos. Nos rodean grandes montañas que se forman junto a un riachuelo. Al comienzo, un brillo de luz nos aseguró la ruta, aunque luego el cansancio, acompañado con granizo, agua y frío, nos cegó: ¿Dónde está la laguna de Tres Cruces? Algo estábamos haciendo mal.

¿Dónde está la laguna de Tres Cruces? Algo estábamos haciendo mal.

El día anterior buscamos el anhelado Camino del Inca en un cruce llamado La Moya, ubicado a 20 km de Alausí, en la provincia de Chimborazo. Desde aquel lugar distinguimos un viaje que habíamos delimitado con una o dos referencias, además de una serie de imágenes satelitales marcadas. Quince minutos cuesta arriba apareció un arco blanco, que da entrada al pequeño lugar llamado Achupallas, punto de partida indicado en algunos diarios de viajeros para caminar hasta Ingapirca (Cañar), advirtiendo el recorrido exigente que alberga una parte de la historia de los Incas.

Y llegamos a Achupallas acompañados de la lluvia. La temporada entre mayo y junio es una época difícil para realizar esta ruta por los cambios de clima. Lo recomendable, según los vecinos del lugar, es salir muy temprano y, aun así, “mejor evitarse el mal tiempo”, como susurró una señora al bajar desde una de las calles empedradas. La epifanía de estrechos por valles que llegan hasta las ruinas de Ingapirca tienen un cálculo de tres días de viaje, con opciones de campamento en la Laguna de Tres Cruces y Paredones, en un recorrido que se sugiere ocho horas diarias de caminata.

La epifanía de estrechos por valles que llegan hasta las ruinas de Ingapirca tienen un cálculo de tres días de viaje.

La mayoría de viajeros que aparece en este pueblo han recibido el contacto de la señora Inés Zea, quien está a la cabeza de la posada “El Ingañan”. Ella se ha convertido en una suerte de guía de los senderistas solitarios o acompañados que buscan aventuras e historias, como en estas ruinas, donde podrán hallar tierras con registro de Cañaris e Incas.

Esa noche decidimos quedarnos en el pueblo. Una parada que resulta necesaria para las personas que no están acostumbradas a la presión de estar a más de 3.000 metros sobre el nivel del mar (msnm.), e incluyo mi caso en particular, que al vivir en un lugar a 4  msnm., ayuda  más de lo que creía.

Fue un viernes que decidimos subir hasta la laguna de Tres Cruces. Tres chilenos y una ecuatoriana partieron por uno de los mejores escenarios de la sierra de Ecuador. Mochilas, agua, comida, una pequeña linterna, carpas y bolsas de dormir era todo nuestro equipo. Subimos a la primera montaña y caminamos por los senderos. Los vecinos del lugar nos daban su apoyo para continuar: “Es largo”, comentaban. Y contemplando formas, vegetación y colores, caímos en la realidad: No teníamos señalización de la ruta a Ingapirca y habíamos caminado hasta un valle sin coincidir con la tan anunciada laguna de Tres Cruces.

Tres chilenos me acompañaron en una travesía -casi- frustrada. Foto: Sarah Carrozzini.
Tres chilenos me acompañaron en una travesía -casi- frustrada. Foto: Sarah Carrozzini.

El mismo caso tenía un grupo que estaba casi arriba de la montaña más alta, justo por encima de nosotros: “Ingapirca, Ingapirca ¿Dónde queda Ingapirca?”, gritábamos. Después del eco y el silencio, nos dimos cuenta que sólo respondían en inglés. No nos entendían. Algunos intercambios de gestos con los brazos en alto, siluetas que nos dirigían hacia delante. Aceptamos continuar en una línea que bordeaba la montaña y que era una de las opciones  del camino.

Detrás de ese suelo marcado anteriormente por pasos de personas y animales, continuamos hasta que la neblina nos alcanzó junto a la lluvia. El frío apareció en una hora que nos obligaba a darnos prisa o, en todo caso, a encontrar un lugar para dormir. Y pequeñas piedras blancas comenzaron a caer desde el cielo. El granizo complicó el trekking, y al seguir bordeando la montaña alta nos dimos cuenta que las indicaciones de las guías de viajes podían estar en cualquier cima que rodeaba el valle. Las siluetas que en un momento veíamos en la punta de la montaña se encontraban abajo. Luego conocimos que era un grupo de extranjeras que decidieron hacer esta ruta por la recomendación de una amiga, quien hizo voluntariado en Ecuador, pero que su diario las dejaba en nuestra misma situación: perdidas.

 “Ingapirca, Ingapirca ¿Dónde queda Ingapirca?”, gritábamos. Después del eco y el silencio, nos dimos cuenta que sólo respondían en inglés. No nos entendían. 

 

Antes del anochecer: Volver o seguir.

Podíamos encontrar la esperada laguna y en la indecisión acercarnos a la noche. Al no decidir rápido nos quedaríamos en completa oscuridad bajo la lluvia. Era el momento para montar carpas.

Al día siguiente la lluvia continuaba al igual que el frío. Era difícil mantenerse en pie, sobre todo por el cansancio. Unos metros atrás, el grupo de viajeras había montado carpas para dormir ahí. El clima continuaba sin darnos ánimo y sin conocer el camino pensamos en lo inevitable. Desmontamos carpas, nos resguardamos un poco y comenzamos el regreso acompañados del hermoso paisaje que vimos el día anterior bajo nubes grises.

Resulta que, aún con mochilas livianas y con todo el material que pueden agregar a su viaje directo a la naturaleza, deben de recordar que el clima cambia en cualquier momento. Sin embargo, podría asegurar que “rumbo equivocado” es uno de los mejores paisajes que se pueden conocer de Ecuador: es inhóspito y natural, que al no estar marcado por una ruta clara es mejor continuar con un guía local, que viva en Achupallas, y alquilar burros para trasportar cosas que puedan afectar tu caminata.

Es uno de los mejores paisajes que se pueden conocer de Ecuador: es inhóspito y natural…

Un guía local puede cobrar hasta USD$70 por el viaje, aunque el precio puede variar según el número de caminantes. Es importante viajar con una mochila pequeña e incluir pocas cosas como pasamontañas, chompa rompeviento, guantes, bastón, linterna, botas, carpa, bolsa de dormir y mechero.

Al regreso, decidimos seguir el viaje a El Tambo, en la vecina provincia del Cañar, movernos en bus e ir hasta las ruinas de Ingapirca; aquel complejo que ha sido rescatado y que motiva ser conocido a través del camino por donde pasaron sus antepasados. Trabajadores de Ingapirca aseguraron conocer ese recorrido que días atrás nos había confundido y perdido; una excursión que en la actualidad se pregunta en los alrededores porque se desconoce. Los meses recomendados son octubre y noviembre y valdría la pena regresar a la profundidad de este sitio, esta vez con un guía para evitar perdernos, porque es en ese espacio entre montañas donde puedes conectarte a la verdadera naturaleza de un país.

Sarah nos relata como NO hacer el Camino Inca hasta Ingapirca. Foto: Sebastián García.
Sarah nos relata como no hacer el Camino del Inca hasta Ingapirca. Foto: Sebastián García.