Conoce una reserva de vida, que te encantará

Hoy estamos en casa por el bienestar de todos, pero te compartimos un viaje maravilloso a uno de los lugares más impresionantes de Tulcán, la Reserva Ecológica el Ángel. La aventura fue organizada por un grupo de amigos y en la actualidad, los recuerdos son los mejores, estamos seguros que pronto volveremos a viajar para enamorarnos más de Ecuador.

Antes de llegar a nuestro destino desayunamos muy bien, al deleitarnos con la comida típica de la zona, un delicioso hornado acompañado con papas, salsa de maní, aguacate y un toque de ají. Estábamos listos para un recorrido de aventura y naturaleza.

Luego de cargarnos de fuerza continuamos el viaje. Yo tenía mucha expectativa porque había escuchado varias cosas especiales, así que ya deseaba estar allí. Para llegar a la Reserva Ecológica el Ángel, se realizará un recorrido de una hora desde el centro de Tulcán, el estado de la carretera es bueno, y en menos de lo que imaginaba nos encontrábamos a punto de llegar.

El guardaparque del Ministerio del Ambiente nos dio la bienvenida, con una gran sonrisa y atención amable. El primer paso es registrar el ingreso con datos del guía que nos acompaña y el nombre de la operadora con la que ingresábamos a la reserva. Las sugerencias no pueden faltar para preservar el sitio, entre ellas, no arrojar basura, ni provocar incendios y mantener las especies en su hábitat natural.

Al ingresar, quería ya observar el bosque de frailejones, esos árboles de gran misterio y color rojo, a los conejos, aves y si teníamos suerte al cóndor. En el sitio existen cerca de 250 especies de flora, de gran belleza para ser fotografiadas.

El recorrido inició y todos estábamos listos. Caminamos por un sendero que nos llevaría hasta los miradores, para apreciar la naturaleza de manera general, a casi 4.000 metros de altura sobre el nivel del mar. Cabe mencionar, que los senderos están señalizados para continuar por la ruta. Es necesario ir abrigado, el clima es frío- húmedo con temperaturas bajas.

Ir en compañía de un guía hará del viaje mucho más enriquecedor. Los frailejones aparecieron, tan bellos como los imaginé. El profesional explicaba que la corona de hojas en rosetas cubiertas con pelos blanquecinos, protegen a los árboles del frío, repelen el agua y reflejan el exceso de radiación solar; por su textura terciopelada son llamados también “oreja de conejo”, y se encargan de generar varias fuentes de agua que llegan a las cuencas hidrográficas de los ríos Carchi y Mira, utilizados para proveer agua potable a las regiones costeras y a la provincia del Carchi.

 

Al llegar al mirador quedé maravillada, al observar las lagunas “El Voladero” con cristalinas aguas, parecían estar juntas pero en realidad están separadas. Aquí existe una área de descanso, que nos permitió tomar un respiro, el guía comentó que 8 lagunas conforman El Voladero, al sitio cada año llegan más de 6 mil turistas.

Se observan aves en las orillas. Mi deseo era observar un cóndor, sus destrezas al volar y fascinarme con su presencia, en ese sitio no lo vimos, pero aún quedaban lugares por recorrer, mi esperanza de admirarlo se mantenía.

Avanzamos por un sendero y traviesos conejos aparecieron en su hábitat natural. En las 16.541 hectáreas se protege a las especies para conservarlas. Con un poco de suerte también observaríamos un lobo andino o un  venado  de páramo.

En las alturas sentí la suave brisa de este paraíso, tan cercano y lejano de la mano del hombre, para protegerse. Todo te sorprende, captó mi atención una flor morada que crece entrelazada con los frailejones, una especie que crea una linda composición, porque en su alrededor crecen muchas más, formando un ramo que maravillan a los visitantes.

La caminata continúa hacia los árboles de polylepis, sus troncos están como doblados  y una capa de musgos se observa en el piso. Estos gigantes milenarios son conocidos como los árboles de papel o árboles rojos por el color de sus troncos. Así también, tienen una fina capa que los cubre y se desprenden como hojas de papel, una perfección de la naturaleza.

La hora de volver al auto había llegado, tras admirar tanta belleza. La neblina se apoderaba de la reserva, por seguridad y visibilidad teníamos que retornar al punto de encuentro con los guardaparques.

Me despedí de la Reserva El Ángel con esperanza de volver y tener más suerte para encontrar al rey de los cielos, el imponente cóndor. Esta aventura la viví en Ecuador, hoy #QuédateEnCasa porque estamos seguros que pronto disfrutarás de esos viajes que inspiran a enamorarnos más del país, mientras tanto #DescubreEcuadorDesdeCasa.  Revisa la guía turística de este destino.

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