Conquista el cielo al subir el cerro Puñay

En Ecuador, una de las experiencias más gratificantes y emocionantes es sin duda alguna, subir montañas y cerros. Hay algo mágico en conquistar destinos y disfrutar de la imponente naturaleza que tiene la región Interandina. Toma nota, planifica, haz maletas y prepárate para sumar millas de viaje y recorrer el cerro Puñay, ubicado en el cantón Chunchi, a 158 km de distancia de Riobamba, capital de la provincia de Chimborazo.

El Puñay se levanta solitario en medio del gran valle de Piñancay, donde se pueden apreciar atardeceres brillantes, acompañados de rayos que traspasan la gran llanura del litoral en tonos y colores únicos. Puñay se deriva de 2 vocablos cañaris, “Pu” que significa lugar y “Ñay” nacimiento, traducido sería “lugar de nacimiento” ya que aseguran que aquí se originó la nación Cañari.

Además, la historia relata que el Puñay fue un centro religioso ceremonial para los Cañaris quienes fueron los encargados de la construcción de una pirámide truncada, la más grande y alta de la región y la única edificada sobre la cima de una montaña con 584 metros de largo, 73 metros de ancho y 50 metros de altura, en un área de 7,6 hectáreas y compuesta de 31 estructuras de las cuales tres son montículos, una plataforma, dos rampas de acceso y 25 terrazas.

Si viajas desde Quito en vehículo hacia a Riobamba, el trayecto tiene una duración de tres horas. Para llegar al destino se toma la carretera panamericana / Troncal de la Sierra hasta llegar al cantón Chunchi. Seguimos en la vía hasta llegar a la comunidad de Santa Rosa, donde el viaje tiene una duración aproximada de tres horas.

El viaje es un poco cansado, pero al ver el esplendor del gran Puñay surge una gran motivación para iniciar la caminata de ascenso. Se alista todo el equipo necesario y un guía debe encabezar la actividad. Hay una tradición importante que todos los que practican montañismo la conocen, siempre se le pide permiso a la montaña para iniciar la travesía a la cima. La caminata por un sendero dura cerca de tres horas pasando por vegetación, miradores naturales y diferentes sitios ancestrales que guardan sorprendentes historias de la época.

Es importante tomar en cuenta que, por el clima variable, posibilidad de lluvias, bajas temperaturas y viento en la noche, es necesario llevar en la mochila: mascarilla o buff, gel o alcohol, agua, ropa cómoda, chaqueta y ropa abrigada, zapatos de trekking, poncho de aguas, pantalón impermeable, gorra de sol y de lana, dulces o panela, guantes, bloqueador solar y cámara fotográfica para captar los mejores momentos.

Además, si se decide acampar es necesario contar con un sleeping que soporte hasta cero grados, carpa de tres estaciones, bastones de trecking, linterna frontal, mudada de ropa extra y comida ligera como: pan, galletas, atún, mermeladas, jamón, entre otros.

Al finalizar el sendero existe un trayecto de aproximadamente dos horas hasta llegar a la Piedra del Sacrificio, lugar sagrado muy conocido donde se ubica una roca de aproximadamente 4 metros de alto, donde uno de sus lados se encuentra al filo de un precipicio. En este lugar los visitantes aprovechan para tomarse magníficas fotos en esta gran roca con una vista única.

Los guías de la zona aprovechan los momentos de descanso e hidratación para contar una de las historias más conocidas del Puñay y entender su figura muy peculiar. “Cuenta la leyenda que mucho tiempo atrás hubo una lluvia en todo el valle de Piñancay, alrededor del cerro. Nadie sobrevivió, con excepción de una pareja de hermanos que treparon el cerro para protegerse. Al llegar a la cima les esperaban dos doncellas, con cuerpo de mujer y cabeza de guacamaya, quienes curaron sus heridas y los alimentaron. Los hermanos junto a las mujer-guacamayas fueron designados por los dioses para repoblar el mundo. Así, nació el pueblo cañari encabezado por el emperador Huayna Cápac. Como homenaje a esta leyenda, los cañaris construyeron, sobre el cerro, el Hatun Pukara, una pirámide truncada de 7 pisos, que su estructura forma la figura de una guacamaya”.

Finalmente, después de una hora más de caminata los viajeros llegan a la última parte de la pirámide truncada, que complementa la imagen de la guacamaya. En la cima, en la planicie, la recompensa es inmensa porque se disfruta del grandioso atardecer donde las nubes están cerca y acoge a los aventureros una cúpula celestial. El sol se va ocultando y en el camino va tornando el cielo de colores extraños, místicos y memorables.

A los viajeros que deciden acampar les espera una noche que transita callada y un amanecer lleno de luces que resplandecen el valle, donde es posible capturar la grandeza de la naturaleza a través de impresionantes postales. Vivir Ecuador desde las alturas, es crear nuevos recuerdos que nunca se borrarán en la memoria. Disfruta de la temporada de montañas y siéntete bien en Ecuador.

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