Crucita entre el mar, vuelos y aventuras

Desde las alturas se el azul impresionante y la inmensidad del océano que transmite tranquilidad. Al viajar por los aires, nos sentimos poderosos listos para dominar el mundo.

Volar en parapetente sobre Crucita despierta múltiples emociones, que se avivan a pasar cerca de albatros, pelícanos y otras aves, quienes vuelan cerca, y te permiten unirte al viaje en una aventura única por los cielos.

El balneario Crucita se ubica en el centro de la costa manabita y fue privilegiado por la naturaleza. Su mar es siempre cálido, la ciudad que en este sitio se ha desarrollado es pintoresca, y posee un cerro de 300 metros de altura, sitio que a diario recibe a varios aventureros, con sus alas a cuestas.

Desde Portoviejo inició el recorrido hacia Crucita, un viaje de 40 minutos. Con las pulsaciones a mil por minuto y lleno de ansiedad, la aventura inició al esperar la colocación del equipo de seguridad, por habitantes que realizan la actividad y te dan asistencia en la cima del cerro. Esta era mi primera vez, por eso es recomendable viajar acompañado, y así un experto en el vuelo fue mi guía entre indicaciones y el desafiar a los vientos.

El despegue es impresionante, porque al desprenderse de la parte terrestre, se simula o al perecer se siente caer al precipicio, pero no, al poco tiempo nos elevamos. Ya en las alturas, dominamos todo el panorama, mientras más es el ascenso las casas y edificios se observan como cajitas de juguete. Los barcos se notan lejanos, son un punto en medio del turquesa del mar.

Dejarse llevar por el viento es indescriptible, y al acercarnos a una comunidad denominada Los Arenales se observan pescadores artesanales, transportando el producto a la orilla de la playa para ser comercializado. Y la fuerza del viento nos lleva un poco más adelante, al sector de Gilces, famoso por las minas de sal, que desde las alturas parecen cuadros de nieve perfectamente cortados.

El vuelo es apacible y emocionante, la adrenalina no deja de fluir. Las selfies no pueden faltar. Tras una horade vuelo el regreso nos traslada al mismo cerro, desde cual partimos para sentir el cielo muy cerca.

El viaje despierta en el aventurero un hambre voraz, y así es momento de disfrutar de un ceviche “levantamuertos”, denominado así por su combinación inverosímil de pescado, camarones, conchas, pulpos y jaiba, cocidos solo con limón y sal; una delicia para el paladar. Los comuneros lo consumen, porque aseguran que los dota de energía para las duras jornadas de pesca.

Y cuando el sol empieza a ocultarse, es preciso alistarse para la caída del sol. Sacamos la cámara y empezamos a fotografiar esa inmensa bola naranja incandescente, que se funde con el mar. Los fotografías son una belleza, que hasta podrían ser portada de National Geographic.

Por la noche Crucita ofrece una pueblo colorido, entre su malecón y la diversidad de locales comerciales que invitan a los viajeros a disfrutar de cócteles y música.

Entradas relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *