El deshielo de los glaciares un tema urgente para todos

Al hablar de glaciales en el Ecuador recuerdo la película “Los Sueños” (1990) del japonés Akira Kurosawa, en sus ocho historias que conforman la cinta, una narra la historia de un montañista que lucha contra una tormenta de nieve, desorientado y cansado siente como una mujer le va cubriendo con finas telas blancas al punto de arrullarlo y quedarse dormido, somnoliento trata de recuperar y tomar conciencia para darse cuenta que la mujer es un fantasma de la montaña Yuki-ona, las telas finas eran nieve que iban sepultando a él y a sus compañeros de excursión.

Bajo las nieves de los volcanes más altos del Ecuador se guardan los glaciares, esos misterios gigantes que guardan silencios y formaciones angulosas algunas en forma de catedrales. Muchos científicos lo consideran como “desiertos blancos”, donde el severo clima limita el desarrollo de la vida, pero para muchos pueblos andinos están habitados por deidades llamadas Achachilas en Bolivia, Apus en Perú o Taitas en Ecuador.

Para el mundo científico, un glaciar es una masa de nieve y de hielo que fluye bajo el efecto de su propio peso desde zonas elevadas donde se conservan las masas de nieve acumuladas por las nevadas sucesivas, hacia zonas bajas donde el hielo desaparece poco a poco por derretimiento. 

 

El glaciólogo Bernad Francou, en su texto ‘Las múltiples facetas de los glaciales’, explica que en los Andes ecuatoriales,  el reconocimiento científico de los nevados se remonta a 1 740, cuando los académicos franceses La Condamine, Bouger, Godin y sus pares españoles, recorrieron estos parajes tomando mediciones de los primeros grados del meridiano bajo la línea equinoccial.

 Para ellos, las altas montañas cubiertas de nieve constituían puntos de referencia en el sistema triogeométrico con el cual median dichos grados del meridiano. Además, calcularon su altitud y registraron el nivel inferior alcanzado por las nieves perpetuas.

Francou señala que, es interesante las primeras evidencias del retroceso de los glaciares fueran captadas cuando, en 1880, Edward Whymper ascendió a los volcanes nevados más altos del Ecuador y retrató en grabados sus respectivos glaciares. El investigador añade que comparar la obra de Whymper con lo que vemos hoy en las montañas nos brinda una evidencia simple pero indiscutible de que los glaciares del Corazón, Sincholagua o Cotacachi, que Whymper pudo preciar desaparecieron durante el siglo XX.

La importancia de los glaciares

La transcendencia del calentamiento global, las evidencias acumuladas sobre el rápido retrocesos de los glaciares del Ecuador, como el resto de los Andes, hacen imperativo un régimen de monitoreo. Estudiar la dinámica de los glaciares y analizar cuáles serían sus consecuencias de su repliegue para los ecosistemas del páramo y para el agua son temas imprescindibles para el medio ambiente.       

El mensaje que nos envían los glaciares, tanto los andinos como los demás, debe tomarse en serio. Es el signo de una crisis climática que tendrá manifestaciones más amplias antes del fin de nuestros siglos, si no hacemos algo para limitarlas enormes cantidades de CO2 y de otros gases nocivos que cada año liberamos a la atmósfera.

 

Tal vez estamos dejando morir al planeta, las nuevas generaciones no podrán disfrutar del silencio de las nieves, caminar sobre hielo en el Cotopaxi o el Antisana, brincar por la blancura de piedras frías gigantescas, deslizarse por ese desierto blanco.

Andrea Zumárraga, periodista y montañista, después de su aventura por las nieves del Cotopaxi, describe su expendición como, volar entre glaciares turquesas, para tratar de comprender la majestuosidad del paisaje helado que contrasta con otras llanuras, cumbres nevadas y cerros de los circuitos montañosos. 

“La montaña es silenciosa y solitaria, pero esta activa por dentro, ocultando enigmas para el mundo exterior, esperando aunque sea por casualidad ser descubierta su fastuosa belleza”, asegura Zumárraga.

 

Actualmente, el cuestionamiento será  ¿cómo debemos cuidar los glaciares? La respuesta  sencilla, es tarea de todos, por elección personal de proteger el medio ambiente, contaminar menos y ahorrar agua. Generar una cultura de cuidado. 

Proteger y preservar los recursos naturales permite que los gigantes de hielo nos acojan en sus moradas y nos brinden protección. Los espíritus que custodian las cumbres, ya sean Yuki-ona, Achachilas, Apus o Taitas, deben estar pendientes de nuestro respeto y consideración al entorno natural. #MeQuedoEnEcuador para disfrutar y cuidar las montañas que nos han concebido imágenes fabulosas y experiencia gratificantes, pero sobre todo nos permiten que el planeta siga con vida.

Fuentes:

Bernad Francou,  ‘Las múltiples facetas de los glaciales’- Terra Incógnita

Andrea Zumárraga,  ‘Las formas anónimas del glaciar’ –  Ecuador Infinito

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