Langosta de Galápagos, una deliciosa forma de conocer las islas

Disfrutar sabores, olores y texturas a través de la gastronomía de un destino es sin duda una experiencia que vale la pena. Las Islas Galápagos, ubicadas a casi mil kilómetros de la costa ecuatoriana, atesoran uno de los manjares más exquisitos del Ecuador, la langosta.

Este apetitoso fruto del mar es un verdadero deleite, capaz de sorprender a los paladares más exigentes. Cocinada en salsa de mariscos, a la parrilla, encocado, en ceviche y en sopa; todas sus presentaciones provocan un deleite al paladar inigualable con la suavidad de su carne. Además, posee un alto valor nutritivo.

Pero, ¿qué hay más allá de un plato de langosta servido en la mesa?

En el recorrido por el archipiélago conocí a Hermógenes Moncayo, quien nació en las islas en 1930, y fue pescador artesanal. En el diálogo conozco las anécdotas de los pescadores galapagueños. Entre ellas, que en tiempos de antaño, las faenas de pesca no contaban con la innovación de la tecnología y su trayecto lo dirigía una pequeña brújula. Los pescadores navegaban en pequeños botes y su actividad de pesca era para llevar los alimentos a las viviendas del antiguo Galápagos.

En aquellos tiempos las langostas eran atrapadas sin guantes y buceando por largos minutos en el fondo del mar para capturarlas. “Nos tirábamos al agua, nos hundíamos y recogíamos las langostas con las manos. Había muchas langostas en cuevas”, comenta con una sonrisa. Además de la langosta también pescaban bacalao.

Don Hermógenes transmite un mensaje y es firme en mencionar que se debe cuidar nuestra naturaleza para las futuras generaciones, y extiende una invitación a los pescadores y comunidad de las islas para usar de forma responsable los recursos del mar.

Galápagos es especial y por su privilegiada ubicación geográfica nos da un regalo, una langosta de primera calidad. Este crustáceo crece entre 1 y 4 metros de profundidad en las costas rocosas de todas las islas y constituye una importante fuente de ingresos para los pescadores artesanales locales. Posee una coraza de color rojizo o verde según la especie y no tiene tenazas.

Para garantizar el consumo responsable y sostenible de este crustáceo la Dirección del Parque Nacional Galápagos ha implementado medidas de manejo en el archipiélago. Su pesca, comercialización y degustación se realiza de acuerdo a un calendario pesquero del área marina protegida. Las tallas permitidas son: 26 centímetros de longitud de langosta entera o 15 cm en cola y únicamente las personas que cuenten con una licencia de Pescador Artesanal pueden capturar langostas.

Los pescadores galapagueños usan los recursos marinos basados en principios de sostenibilidad. Las langostas rojas y verdes son capturadas a mano y en pocas ocasiones con la ayuda de un gancho denominado vara hawaiana, causando así el menor impacto posible al ambiente.

Además, cada año la comunidad de las islas disfruta de la temporada de langosta y realiza un festival que incentiva el consumo responsable de este fruto del mar y su pesca sustentable.

Saborear una langosta de Galápagos es sumergirse en un mundo de historias, disfrutar un exquisito manjar del mar y meditar sobre la importancia de usar de manera responsable nuestros recursos naturales.

¡Saborea la gastronomía de las islas!

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