Las olleras de Jatumpamba y su milenaria tradición

Descubrir lugares en los que el tiempo parece haberse detenido y la naturaleza sorprende con paisajes similares a los de una obra de realismo mágico es un verdadero privilegio para los espíritus inquietos, aquellos que buscan explorar ese Ecuador profundo por pocos conocido. En esta nota proponemos hacerlo viajando a Jatumpamba, comunidad  perteneciente a la parroquia de San Miguel de Porotos, ubicada a 9 kilómetros de la ciudad de Azogues (Cañar).

En medio de un paisaje conformado por llamativas formaciones geológicas  se encuentra el pintoresco caserío de Jatumpamba, lugar en el que la migración de finales del siglo XX marcó la vida de las familias que allí habitan, pues las mujeres que quedaron tomaron las riendas de la economía familiar y decidieron continuar una tradición milenaria: la elaboración de ollas de barro con la ancestral técnica de las “huactanas”.  

Las huactanas son una especie de martillo de barro cocido que son empleados por las artesanas para dar forma a los objetos  de cerámica que elaboran. Este tipo de alfarería es completamente distinto a la que se realiza en otros lugares del país, pues para el moldeado de la arcilla no se utiliza torno.   

Según los resultados de investigaciones arqueológicas, este método fue empleado por los cañaris mucho antes de la llegada de los incas. Se han encontrado evidencias de los ‘golpeadores’ o huactanas en restos arqueológicos de cerámica cañari en Cañar y Azuay.

Los visitantes que llegan a Jatumpamba pueden acceder a algunos de los talleres en donde afanosamente trabajan las famosas olleras. Se recomienda siempre otorgar una propina a las artesanas o bien comprar sus productos. De cualquier forma, las amables mujeres estarán gustosas de recibir a quienes deseen ser testigos de esta asombrosa tradición.  

Las olleras obtienen su materia prima de una mina ubicada a pocos metros de la iglesia. Tras haber obtenido la arcilla, usando picos y palas,  la secan, la hacen polvo, la remojan con agua y la amasan con los pies mientras van mezclando con arena en partes iguales hasta obtener la consistencia necesaria y forman bolas de diferentes tamaños, dependiendo del objeto que vayan a crear.

Las artesanas colocan la bola de arcilla sobre una olla vieja invertida que debe ser puesta en un lugar amplio para ir girando y dar forma al objeto. Al mismo tiempo,  van estirando el barro hacia arriba con las manos humedecidas hasta que la olla tenga la profundidad y el tamaño deseado. Luego, las huactanas son utilizadas para golpear por dentro y por fuera al objeto con el propósito de ir adelgazando el barro y formar el cuerpo de la olla.

Finalmente, los trabajos son secados a la sombra durante 14 días, y cuando han adoptado un color gris claro, lo sacan al sol para que se terminen de secar. Luego viene la ‘cochura’, es decir, el pintado de  las bocas y los cuellos de barro con un líquido rojizo que se obtiene de la mezcla de agua y  una tierra pastosa de color rojo.

Las olleras comercializan sus productos principalmente  en los mercados de Azogues, Cuenca y Paute. De acuerdo al testimonio de algunas de estas valientes mujeres rurales, que heredaron sus conocimientos de sus madres y abuelas, es cada vez más difícil vivir de este oficio, pues en la actualidad las ollas no se emplean como antes. En la mayoría de los casos, las mismas son adquiridas para ser usadas como adornos.

Vale la pena romper la rutina y descubrir lugares como Jatumpamba, pues además de ser una experiencia de aprendizaje muy enriquecedora, contribuiremos con nuestra visita al desarrollo de estas admirables mujeres que luchan por mantener su ancestral tradición.

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