Los placeres de viajar al norte de Manabí

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La imponencia del sol ecuatorial me recibe al llegar a Jama, un balneario histórico del norte de Manabí. Al desembarcar del transporte terrestre, en pleno centro poblado, de inmediato mi atención se dirige al Parque temático que muestra la historia de la fabulosa cultura Jama-Coaque, de la cual los ciudadanos tienen mucho orgullo.

Conocí parte de las formas de vidas de aquel tiempo, para luego adentrarme en la playa. Una tricimoto me llevó hasta El Matal, un balneario casi virgen con una playa extensa, sitio al que llegan pescadores artesanales, quienes permiten a los viajeros realizar o mejor dicho apoyar en las faenas diarias, ya sea arrastrando la canoa de pesca o recogiendo la producción. Muchos camarones, peces y crustáceos se observa entre las redes, la experiencia es emocionante.

Desde El Matal, emprendí un viaje de 15 minutos para conocer la enigmática playa del Arco del Amor. Aquí comprobé los caprichos de esta formación rocosa, ubicada en medio del mar, punto de encuentro de enamorados. Mireya Chávez y Lukas Smit, estaban en el sitio, en un ritual de amor. Ella ecuatoriana y el estadounidense me contaron que si uno permanece abrazado durante el ocaso el Dios del amor los bendecirá para siempre. Yo solo me tomé unas selfies y me lancé al mar para refrescarme con un gran chapuzón, mientras los novios seguían uniendo sus vidas.

En la noche, me hospedé en un cómodo hotel del centro de Jama y ya en la mañana, a las 07h00 luego de disfrutar un sabroso desayuno, emprendí mi viaje a Pedernales, un poco más al norte. Este balneario ha crecido aceleradamente en los últimos tiempos, tras el terremoto de abril del 2016, que fue un impuso para progresar.

En su inmensa playa hay decenas de cabañas donde disfruté de un refrescante cóctel. Un mojito con su deliciosa hierbabuena, no estaba mal a esa hora. Frente a las cabañas se encuentra un “rosario” de locales que ofrecen una diversidad de banquetes entre ellos: los tradicionales viches, que combinan en una sopa ancestral mariscos frescos, maní y vegetales. También están los frescos ceviches de camarones, los pescados apanados, el delicioso camotillo y muchas más opciones.

A la hora de divertirse una opción es participar en un campeonato de fúltbol, en la playa. Amigos colombianos y quiteños me invitaron a ser parte del encuentro deportivo, y así durante media hora las jugadas iban y venían, para finalmente disfrutar del mar azul y sus aguas claras.

No quise marcharme sin llegar a Cojimíes, una parroquia en el extremo norte de Manabí, que limita con Esmeraldas. En una canoa transite por el manglar, allí donde el agua del río se une con el mar, se observa cientos de especies de aves y a pescadores recolectando conchas y más especies del lugar. Fotografié a pelicanos, garzas y varias aves que transmiten calma con su vuelo.

Finalmente, la canoa me llevó a la Isla del amor, un espacio en medio del mar para observar la reproducción insólita de los cangrejos y aves. La cámara seguía haciendo de las suyas, mientras recordaba cada aventura de mi recorrido, esperando volver una y mil veces, porque Manabí y Ecuador son escenarios fascinantes para viajar.

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