Refréscate con un helado en Quito

Resulta fácil descubrir el casco colonial de la capital de los ecuatorianos. Una gran opción es construir líneas imaginarias en este patrimonio. Mis líneas recaen en el universo del sabor, en las golosinas que cautivan a grandes y chicos, los helados. En Quito existen varios sitios referenciales que por décadas crean los sabores exquisitos que se disfrutan en los días de sol y lluvia. Refréscate con un helado en Quito.

¡Quién diría que una golosina como el helado de paila tendría su espacio y desarrollo en Quito durante un siglo! La “Heladería San Agustín”, ubicada frente a la iglesia del mismo nombre, lleva 10 décadas deleitando los paladares de citadinos y turistas. José Andrés Chaguaro, la sexta generación cuenta que las pulperías donde hacían chicha atraparon el secreto de los monasterios quiteños para elaborar dulces. Sin embrago, con la revolución Alfarista y un Estado laico, los “curitas y monjitas” dejaron de lado esta producción gracias a la moda francesa de montar cafeterías, se abrió paso a estos locales donde se elaboraban helados.

Siguiendo el recorrido por Quito y sus sabores llegamos a la  “Heladería Caribe” ubicada en las calles Venezuela y Bolívar. Aquí, hace más de 60 años, la rutina inició con una paila de bronce, juguito espeso de mora, bastante hielo. A batir sin miedo, ni cansancio fue la consigna. En la actualidad se producen 14 litros de helados al día.

El sabor adictivo del helado nos transporta a un barrio tradicional de la ciudad, La Ronda, a la heladería “Dulce Placer”, ubicada en el segundo piso de una casa patrimonial, en este sitio se crean sabores impensables que resalta la gastronomía tradicional ecuatoriana, con bolas de helado de un licor popular como la “caña manabita” hasta de una bebida ancestral como la “colada morada”, llena de aroma y textura.

Y continuando por los sabores del helado, en la Plaza del Teatro está la “Heladería Colonial”, que no deja de sorprender desde hace 70 años. Hernán Chacón, su propietario, esconde bien el secreto de sus padres que nunca revelará; sin embargo, el silencio es un ingrediente invisible que le otorga al helado identidad y vistiéndole de colores intensos, se trata de ese toque misterioso que también guarda Quito en cada calle, en cada recoveco. Refréscate con un helado en Quito.

Las heladerías en Quito nos abren las puertas para saborear una golosina que nos permite compartir momentos que se guardan en la memoria y sobre todo las ganas de volver para probar los sabores de una ciudad patrimonial, con sabores únicos.

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