Rituales que despiertan el fervor

Multitudinarias procesiones, personajes fervientes, antiguas ceremonias y deliciosos sabores se conectan en el paralelo 0 para dar origen a rituales religiosos y culturales, considerados unos de los más antiguos del mundo: la Semana Santa.

Ecuador cambia su color para teñirse de morado, la indumentaria tradicional de varios individuos es reemplazada por extraños atuendos que cubren a los fieles totalmente desde la cabeza a los pies.

Las danzas alegres se esconden tras los muros y son reemplazados por pasos lentos, las iglesias se convierten en puntos de encuentro y veneración, y un sutil ambiente envuelve a las ciudades para transportarnos al pasado.

Esta fecha, no solo se conmemora con actos religiosos, en el país, la Semana Mayor para el mundo católico es el espacio para mostrar la herencia cultural, resultado del sincretismo entre las tradiciones indígenas y españolas.

Al revivir las tradiciones de antaño, nos permitimos despertar el sentimiento de devoción y fervor que se refleja a través de diferentes expresiones; una de ellas, las procesiones que recorren calles copadas de historias de penitentes, que buscan la paz y la calma, con sacrificios y arrepentimientos.

Cada año en Quito, la procesión Jesús del Gran Poder es una tradición, quizá una las más esperadas, a la que asisten miles de devotos y turistas que arriban desde distintas partes del Ecuador y de todos los rincones del mundo para ser testigos del transitar de los más de 2.000 participantes.

La planificación de este acto se realiza con meses de anticipación para: trazar la ruta, preparar las esculturas, asignar la indumentaria y coordinar con los organismos de seguridad y control, para garantizar el bienestar de fieles y observadores, el Viernes Santo.

Ya el día de la procesión, los files entusiasmados llegan a la Iglesia de San Francisco, aún cuando los rayos del sol no aparecen cautelosos en el cielo. En las calles estrechas del centro histórico una multitud de espectadores, ocupan los mejores lugares para ver transitar a quienes han dejado la vergüenza a un lado, y buscan iniciar una vida sin pecado.

A las 12 horas, el sol arde y de forma perpendicular cae sobre los fieles que a paso lento y descalzos caminan pidiendo un milagro, motivados por la fe. Cucuruchos, verónicas, almas santas, sacerdotes, estudiantes y más participantes realizan el recorrido acompañado de música fúnebre.

Las esculturas de los santos como el arcángel San Miguel, la Virgen de los Dolores y Jesús del Gran Poder son cubiertos por flores, que son arrojadas desde los balcones. Hay quienes se escabullen por la multitud para tocar las figuras, otros les rezan, hay quienes lloran al verlas, otros fijan su mirada pidiendo perdón y consuelo, y otros simplemente contemplan el “espectáculo”.

Al ser parte de este acto, percibo y me contagió de una diversidad de emociones, entre ellas la admiración al ver hombres, mujeres y grupos de personas cargando cruces extremadamente pesadas o envueltos con alambres de púas.

El cielo se torna gris, por horas de la tarde, un torrencial aguacero acompaña la ferviente caminata, que continúa por la calle Riofrio, punto desde el cual se retornará a la Iglesia de San Francisco.

La escena creada en las calles quiteñas aviva el espíritu a la reflexión y sobre todo nos invita a compartir en familia, aquella deliciosa “la fanesca”, sopa preparada con 12 granos y pescado seco.

Vivir en Ecuador la Semana Mayor es descubrir manifestaciones religiosas, sentir el fervor de sus habitantes y contagiarse del ambiente peculiar de la fecha. Reactiva la memoria a través de los sabores y descubre que en Semana Santa Ecuador es Cultura.

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