Ruta del Contrabandista: un camino de herraduras, historias y tradición

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Es curioso, los viajes nos envuelven en nuevas aventuras, nos conectan con la gente y nos hacen descubrir historias. Para recorrer por Ecuador cambié las ruedas por las herraduras para realizar un viaje fantástico por la antigua Ruta del Contrabandista.

La emoción y espíritu aventurero de mis compañeros me motivó a recorrer por más de 8 horas a caballo, por hermosos paisajes, amaneceres de ensueño y la pureza de la naturaleza.

Previo al recorrido en caballo, realizamos diferentes modalidades de aventura como canyoning en la cascada La Soberana, pesca deportiva en el río Chimbo, ciclismo en los senderos de Suncamal y aviturismo en el bosque nublado; todo esto en Cumandá, cantón del sur de la provincia de Chimborazo, con un clima primaveral, que lo tomó por la posición entre las provincias de Cañar, Guayas y Bolívar.

Este destino es un importante punto de comercio e intercambio de productos tradicionales de la Costa y los Andes; por ello es sencillo disfrutar platos tradicionales de las dos regiones entre ellos: ceviche, pescado, fritada o parrilladas, con valores que oscilan entre los $4.00 y $10.00.

En Cumandá hacer amigos es fácil, su gente es amable y cordial. El parque central, sitio de mayor concurrencia, reúne a la mayoría del pueblo para conversar o practicar deportes. Así, entre risas y conversaciones, un grupo de jóvenes nos animaron a ser parte de la marcha a caballo que saldría al día siguiente, desde Cumandá hasta Sibambe. Esta actividad revive las tradiciones y agradece las dádivas y bienaventuranzas de “Patrón Santiago”.

Antiguamente, la zona sur de Chimborazo tenía grandes cañaverales y de ellos se extraía el jugo de caña para posteriormente ser convertido en aguardiente, un tipo de licor. El negocio era bueno, pero tuvo un decrecimiento en el tiempo de los estancos; el gobierno estableció un límite a la producción con impuestos y un porcentaje mínimo de producción.

El gobierno controlaba el comercio ilegal de aguardiente y otros productos como naranjas, panela, papa china o banano con la instalación de puntos estratégicos en el monte con guardias de estanco conocidos como “guardas”. Los hombres evadían los controles saliendo en las noches con sus mulares cargados, que transportaban hasta 100 litros de aguardiente en las “perras” o bolsas seguras.

Los habitantes se dieron los modos para continuar con la comercialización; así, a escondidas, por caminos peligrosos y arriesgando la vida, el aguardiente seguía su camino para llegar a Sibambe o a la loma de San Nicolás, sitio donde pernoctaban para vencer el frío y el cansancio. Parecería una historia fantasiosa pero fue real.

Una tradición que se niega a morir

El reloj marcó las 07h00 y en el punto de encuentro se escuchaba el sonido de la banda pueblo, risas y carcajadas. En la travesía nos acompañarían nuestros amigos de Cumandá, quienes eran parte del recorrido con sus padres y abuelos, quienes antiguamente distribuían clandestinamente los productos.

Con un pequeño vaso de aguardiente, cerca de 30 jinetes nos dieron la bienvenida. Todos nos apresuraban para aprovechar el buen clima con un sol radiante y caminos secos. El recorrido por la ruta no tienen ningún costo, solamente se debe cancelar el alquiler del caballo por $30.00.

La ruta inició en Guallanag. Mi viaje fue en compañía de un ex contrabandista, quien con sus historias mostraba la añoranza por aquellos días, en los caminos de recuerdos felices y al mismo tiempo de dolor y tristeza.

Arribamos a la cima de San Nicolás, ubicado a 3100 mnsm, aquí las nubes te observan desde abajo. En este punto en la época de contrabando, los jinetes hacían una parada para descansar junto a sus animalitos, únicos acompañantes de sus largas e históricas travesías.

Al caer la tarde, en un solo espacio nos reunimos con una buena parrillada y guitarreada, junto al calor de la fogata, los viajeros y los caballos, entre historias de contrabando, uno de ellas que llamó mi atención narraba que un contrabandistas ideó una fantástica estrategia para burlar a los guardas, y así un día transportó las bolsas de aguardiente en un ataúd para no ser descubierto.

El cielo se perdía entre las montañas y el fuerte viento invadía el entorno, para superarlo era necesario beber un buen sorbo de aguardiente. En la cima de San Nicolás, una amable pobladora nos recibió en su cabaña, es común acampar en esta zona y así lo hicieron un grupo que participó en la aventura de la Ruta del Contrabandista.

A la mañana siguiente, retomamos el viaje a Sibambe, un pueblito cercano a Alausí y la Naríz del Diablo. Para llegar a este lugar se desciende por impresionantes montañas que nos hacían sentir la inmensidad de la tierra. Luego de dos horas de viaje, en Sibambe nos recibía la imagen del “Patrón Santiago”, que reposa sobre un caballo. Cada año, el santo recibe agradecimientos por jinetes y sus familias. El recorrido es parte de este tributo, su gente cree que quien no asista a la marcha puede ser castigado.

Actualmente, la marcha a caballo transita por la Ruta del Contrabandista en honor al “Patrón Santiago”, y es un trayecto turístico desde el cual se muestra y vive la historia y devoción de los pueblos andinos que siguen construyendo su cultura, entre caminos y herraduras.

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