Cafeterías quiteñas, una tradición que perdura

Por las tardes, al salir de la escuela caminaba con mi madre al Centro Histórico de Quito, pese a que el transporte que nos llevaba a casa se lo tomaba muy cerca de la escuela, que también se ubica, hasta ahora, en un barrio tradicional de la capital ecuatoriana, San Sebastián. Son las cafeterías quiteñas, una tradición que perdura.

Los años han pasado y Quito sigue tan linda como desde mi niñez, mi madre con buen paladar fue esa guía turística por las buenas cafeterías del centro. Así disfruta de 5 del gran número de cafeterías que están en la «Carita de Dios», las historias son infinitas, así como los aromas, en cada rincón se encuentra la magia que te atrapa.

Bertha y Olga López tienen muchas cosas en común. Para iniciar son hermanas, preparan los mejores desayunos del Centro Histórico y sus cafeterías están vivas desde hace 60 años. Se niegan a ser fotografiadas, pero algo que destaca en ellas es el gusto para hablar del Quito antiguo, de los sabores añejos, ese paraíso de arte y cultura, de teatros y artistas que emocionaban con sus voces.

Para Olga, dueña del “Café Alhambra”, ubicado en la parte posterior de la parada del Trole San-Blas, se emociona al evocar a los artistas que ingresaban a su local para devorar una humita o deleitarse con un ponche.

Para Bertha, propietaria de “Café Niza”, es un espacio para ser testigo del crecimiento de sus caseros y el nacimiento de las nuevas generaciones que ingresan a desayunar, y con el tiempo van cambiando la calle Venezuela, contigua a la Casa Museo del Mariscal Antonio José de Sucre.

Las hermanas coinciden que sus negocios son la vida y que solo muertas les sacaran de ahí. “Tanto respiro para seguir latiendo junto a este Patrimonio”, menciona Olga.

Cafetería Alhambra
Cafetería Niza

Y si existe cafeterías con trayectoria se encuentra “Los Chapineros”, una de las más antiguas del centro, en este sitio los hermanos Checa fortalecen el legado de sus padres elaborando uno de los mejores sánduches de pernil y una esencia de café muy penetrante y olorosa que atrae a los transeúntes de la calle Chile.

Los aromas profundos se disfrutan también en “Madrilón”, sitio que guarda todo los componentes de una cafetería que congeló al tiempo. Es la misma, desde la niñez, con objetos antiguos que nos llevan a los años de valses y pasillo; o quizá un poco más atrás. Su gloria; la máquina italiana “Carimali emme” (1964), una reliquia que elabora los mejores “pintados” para los adictos al café, sin descartar el sánduche de pollo que siempre te hará volver. La cafetería se ubica en el Pasaje Tobar, un túnel del tiempo entre las calles Sucre y Guayaquil, una línea que te abre una puerta al Quito viejo, en las cafeterías quiteñas, una tradición que perdura.

Cafetería Chapineros
Cafetería Madrilón
Chocolates de la Sucre

Y bajando una cuadra están “Los Chocolates de la Sucre”, siempre disfrutaba de la cafetería con mi madre y mi abuela, con el pan suave y el queso en su interior, regando las migas por todas partes. Su dueña comenta que el negocio nació en un pasillo y actualmente ocupa toda una casa colonial. Ahí los quiteños solicitan la dosis perfecta: chocolate, pan de Ambato y una rodaja de queso. Los años han pasan pero sus comensales regresan, porque el sitio se ha convertido en un punto de encuentro familiar en las tardes quiteñas.

Existen líneas imaginarias que nos permiten conocer sabores e historias que se cocinan en un pasaje, un zaguán, un pasillo o en una casa colonial, sus secretos jamás conoceremos, solo disfrutaremos de los sabores que preferimos y aromas que reconocemos, porque el Patrimonio de Quito también vive en su gente y en su extraordinario sabor.

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